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Hermanos en Cristo :

Me pongo en contacto con vosotros en esta mi primera vez, llevado por la alegría de comenzar una ilusionante andadura y por el sincero y eterno agradecimiento a todos vosotros, cofrades del Santo Entierro, por la confianza depositada en mí y en la terna con la que concurría a las pasadas elecciones del 12 de mayo. El honor que nos habéis otorgado es enorme, la responsabilidad aún más. Por ello, pedimos y confiamos en que nuestra Madre de Nazaret nos regale el aliento necesario para afrontar este cometido con la honestidad y humildad necesaria, fieles siempre a nuestra esencia y raíces, con la mano permanentemente extendida, caminando con pasitos cortos pero firmes; con la mirada puesta hacia delante pero sin nunca olvidar el legado que no sin esfuerzo, han depositado en nuestras manos todos aquellos que a lo largo de tantos y tantos años, nos han precedido.

Agradecimiento que también quisiera hacer extensivo al tremendo grupo humano que ha querido caminar a mi lado y con el que tengo el inmenso privilegio de compartir junta directiva. Un equipo que con independencia de la edad o veteranía de sus integrantes, encuentra su verdadero impulso al abrigo de una devoción común y que desde hoy mismo y a través de un también férreo compromiso e ilusión compartida, no tiene mayor pretensión que la de seguir sumando eslabones a esa imperecedera cadena y centenaria historia de negro raso y terciopelo. Si nuestro minúsculo grano de arena ayuda a ello, creedme que esta maravillosa travesía a la que nos enfrentamos ya habrá merecido la pena.

Siempre he pensado que el mayor capital del que una cofradía puede disfrutar, muy por encima de lo meramente material, es sin duda el humano. No puedo más que enorgullecerme de ver como la nuestra goza actualmente de un extraordinario estado de salud a este respecto. Por ello, os invitamos y animamos a seguir siendo parte activa de ella, a acompañarnos y convertiros en núcleo esencial de este transitar que se prolonga 365 días al año. Son muchos y variados los medios y ocasiones para hacerlo y tened por seguro hermanos que, cuando esta llamada es atendida, se alimenta la llama y crece el orgullo de pertenencia a esta nuestra cofradía. Los buenos momentos, si son compartidos, se saborean con mucha más intensidad y calan más hondo. Sigamos intentando aproximarnos a la máxima expresión de la palabra hermandad y de todo lo que ella lleva encerrado consigo.

No quisiera terminar sin igualmente dar las gracias y mi enhorabuena a mi predecesor en el cargo. Él y la junta de la cual me vanaglorio haber formado parte, han realizado una labor digna de elogio y que queda ya grabada con letras de oro en las páginas de nuestra dilatada historia. La cofradía está en deuda contigo, amigo y hermano Antonio Jesús; durante 6 años has capitaneado con maestría nuestra nave, guiado siempre por ese faro que nos ilumina y que cada noche de Viernes Santo, se nos muestra inerte sobre una fría losa de mármol y flanqueado por esos cuatro pebeteros cuyas llamas nos elevan al Cielo aunque sea sólo por un instante. Que María de Nazaret te colme de bendiciones.

Reiterando mi agradecimiento y confianza en lo que está por venir, me pongo a vuestra entera disposición. Vosotros sois el Santo Entierro.

Recibid un sincero y fraternal abrazo en Cristo de vuestro hermano.

Alberto Campos Maldonado

Hermano Mayor

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